Salmo 127:3 — El regalo más grande que Dios confía
Introducción: Cuando la vida se convierte en herencia Hay momentos en los que los niños parecen inquietos, ruidosos, agotadores… pero también hay momentos en los que uno se detiene a mirar su rostro mientras duerme, o a escuchar una palabra suya, y el alma lo entiende: este pequeño ser es un milagro. La maternidad o el deseo de ser madre no es siempre un camino sencillo. Pero este versículo nos recuerda algo profundo: Dios ve a los hijos como un regalo, no como una carga. Una herencia, no una responsabilidad más. Una confianza, no un accidente. Vamos a detenernos con calma en esta promesa, para redescubrir el corazón de Dios cuando piensa en los hijos. El versículo (NVI) “Los hijos son una herencia del SEÑOR, los frutos del vientre son…









